El mundo de hoy se caracteriza por ser un mundo en crisis: económica, financiera, ambiental y social. Es un mundo en donde se ha incrementado el riesgo.
La cooperación internacional tiene una lenta capacidad de adaptación al esquema cambiante y a las dinámicas socioeconómicas del mundo actual.
Dentro de este proceso de adaptación, se ha decidido evaluar el esquema de cooperación pasando a alinearse con los sistemas nacionales y focalizadose en el logro de resultados. Se pasa de evaluar la eficacia de la ayuda por la eficacia del desarrollo. ¿Quiénes son los oferentes y quiénes los receptores del desarrollo?. ¿Sigue existiento un conjunto de paises que, por cuestión de principios tienen que donar o ayudar a otros?.
Con la aparición de múltiples actores de cooperación y la inmersión de la cooperación sur-sur y la cooperación descentralizada, que genera otras dinámicas de solidaridad y beneficio mutuo, se reconfigura el esquema de desarrollo ahora existente.
¿Qué papel juega Estados Unidos en el esquema de desarrollo actual? Las potencias del siglo XXI han cambiado. Actualmente, los paises que tradicionalmente habían tenido una marcada influencia sobre el sistema internacional no son necesariamente lo más dinámicos. ¿Qué pasa con China, India y Brasil?, ¿siguen siendo solamente grandes extensiones territoriales? ¿cuáles son los paises que lideran actuamente la cooperación internacional?.
Urbanización, migración, crecimiento poblacional, crisis de empleo, desigualdad, contaminación... son palabras cada vez más usuales en el vocabulario de la cooperación. ¿Dónde ponemos todo esto? ¿Cómo podemos influir sobre estos cambios?
Vivimos en un mundo interdependiente; vinculado a respuestas colectivas. Existen disfuncionalidades a escala mundial. No obstante, las respuestas a estas disfuncionalidades siguen basandose en un modelo tradicional: distribución de riqueza, ayuda vertical, participación restringida... La cooperación internacional necesita cambiar de paradigma y centrarse en un modelo operativo más eficiente.
Trabajo en red, asociación, intercambio de conocimientos, transferencia de tecnología, atención primaria y territorialización del desarrollo son nuevos conceptos que toman mayor fuerza y que entran a reemplazar términos ambiguos de la cooperación. ¿Qué tipo de cooperación necesitan nuestras urgencias globales? ¿qué tipo de cooperación se adapta más facilmente al riesgo?
lunes, 11 de noviembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
Tiffany & co abrirá sus puertas en Bogotá
Para que las empresas sean competitivas no basta con que
tengan buenos productos o servicios. El éxito de cualquier marca depende de múltiples
factores. Día a día empresas como Zara, Starbucks, Adidas o Mc Donald’s crean estrategias
para la localización de nuevas tiendas, el manejo sistematizado de consumidores,
la difusión de publicidad, pero sobretodo, para asegurar un posicionamiento
local e internacional.
Cuando viajamos como turistas, muchos de los recuerdos que
nos quedan de las ciudades son sus grandes avenidas y centros de comercio. Es
común escuchar acerca del alto impacto visual que generan corredores como la
Quinta Avenida en Nueva York, Causeway
Bay en Hong Kong o los Campos Eliseos en París. Este impacto se debe al efecto
que causa en nosotros encontrar en un único espacio los nombres, logos y
colores que durante años hemos visto en los medios. Surge entonces un impulso
por entrar a cada almacén y conocer eso que nos han venido ofreciendo desde
siempre. Productos a veces inalcanzables para muchos, pero que se han ido
convirtiendo en parte de nuestros ideales.
Marcas como Chanel, Dior o Prada son referentes mundiales en
moda e innovación y, con seguridad, las
ciudades más grandes del mundo tienen ya una sucursal de estas marcas en sus
más importantes centros comerciales. Cuando las empresas que tienen el poder de
la exclusividad tratan de aprovecharlo, casi siempre se unen a otras marcas en
localizaciones estratégicas para conformar grandes nodos donde miles de
usuarios confluyen e invierten enormes cantidades dinero.
En Bogotá, el Centro Comercial Andino ha sido uno de estos
nodos comerciales en los últimos 30 años, en donde se han dado cita las marcas
más exclusivas del mercado local e internacional. En este Centro convergen
tendencias que, sumadas a las dinámicas de la Zona T, hacen de este punto uno
de los referentes turísticos más reconocidos de Colombia.
No en vano a esta trayectoria, la empresa estadounidense Tiffany
& co, una de las más prestigiosas joyerías del mundo, fundada en 1873,
abrirá sus puertas en el mes de Noviembre en el Centro Comercial Andino,
comprobando una vez más el interés de las grandes casas por ubicarse en la
ciudad y fortalecer lazos comerciales con los empresarios colombianos.
De igual forma, las marcas Façonnable, Dolce & Gabana, Burberry y la reconocida tienda de café Starbucks tendrán un espacio en la ciudad durante el 2013, planeando grandes inversiones en infraestructura y en su posicionamiento en el mercado nacional.
Pese a esto, muchas críticas se escuchan sobre la llegada de
estas marcas al país. La caída en el consumo de los productos nacionales y los
costos elevados que proponen algunas de estas empresas son algunas de las
causas de estos malestares. No obstante, hay quienes afirman que la apertura
de estos nuevos mercados es positiva siempre y cuando no entre a afectar el
mercado ya existente.
Lo que es cierto y de lo cual debemos tener certeza es que la
economía mundial no toma en cuenta la particularidad de cada caso y, seguramente, ni a
Starbucks ni a Tiffany & co les importará el paro de los cafeteros ni
el valor de las esmeraldas en Colombia. Su visión hace parte de una economía global y abierta.
Mateo Ramirez Molina
Septiembre 12 de 2013
* Foto tomada de www.brilianti.com
miércoles, 28 de agosto de 2013
El concepto de desarrollo humano
El concepto de desarrollo ha sido ampliamente discutido en distintos ámbitos académicos y prácticos, siendo aplicado de forma recurrente sobre un ámbito macroeconómico; este enfoque, relaciona el crecimiento económico como la principal variable del desarrollo. De tal forma, varias políticas estatales que fortalecen el crecimiento se interpretan necesariamente como pro-desarrollo; “la comprensión del desarrollo basado en crecimiento se sustentaba en la idea de que en igualdad de circunstancias, el crecimiento de la economía liberaba recursos que podrían beneficiar a toda la sociedad” (Sant’Ana, 2008, p. 5).
Mateo Ramirez Molina
Agosto 28 de 2013
* Fotografía tomada de www.powerofpeace.com
Sin embargo, la inmersión de otros conceptos como desigualdad, pobreza o bienestar social, introdujeron una nueva concepción sobre el desarrollo. En 1990, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo rompió este esquema conceptual introduciendo el concepto de desarrollo humano a su vez que implantó una herramienta de medición, el Índice de Desarrollo Humano (IDH). El desarrollo humano, tiene en cuenta el acceso a las oportunidades de la población de forma tal que “si no se poseen estas oportunidades esenciales, muchas otras alternativas continuarán siendo inaccesibles (…) el desarrollo humano tiene dos aspectos, la formación de capacidades humanas y el uso que la gente hace de las capacidades adquiridas” (PNUD, 1990, p. 34).
De acuerdo con este enfoque, Lebret definió el desarrollo a partir de dos concepciones:
“una concepción ‘mecanicista’ según la cual el desarrollo es concebido como resultado de producciones sumadas y donde las finalidades son de orden cuantitativo, y una concepción ‘orgánica’ según la cual el desarrollo es cuestión de elevación humana, en su conjunto, y donde las finalidades son de orden humano” (Múnera, 2007, p. 19).
Es así como a la variable de crecimiento se fueron adicionando otras dimensiones, dando paso a la evaluación del desarrollo desde un modelo de medición cuantitativo a un modelo de medición cualitativo. El desarrollo implica también el bienestar social, el acceso a oportunidades y, en general, una construcción colectiva.
Para Hernando Gómez (2011), el desarrollo humano es el aumento del rango de opciones, escogencias, posibilidades u oportunidades entre las cuales podemos elegir los seres humanos. Unas palabras miran más a la libertad de escoger y otras a las alternativas que se presentan a quienes escogen. Algunas definiciones comunes referidas al desarrollo humano son: 1) la ampliación de la gama de posibilidades de la población desde la política pública, 2) el disfrute de una existencia sana, acceso al conocimiento y posibilidad de participar en vida pública y asuntos colectivos 3) un equilibrio entre funcionamientos –condiciones de ser libre, respetado e instruido- y capacidades –combinaciones de funcionamientos-, y 4) las opciones que representan la condición y el campo donde opera la libertad, es decir, el aumento de la libertades concretas de las cuales disfruta cada ser humano.
En definitiva, el desarrollo humano no es el aumento en el producto o el ingreso per cápita de una sociedad determinada. Por el contrario, aquel es un proceso abierto y continuo que implica procesos tales como la modernización social.
Desde esta perspectiva, para hablar de desarrollo hay que darle una mayor importancia a la modernización y bienestar social que al crecimiento económico de la población. Podemos ver, por ejemplo, cómo el crecimiento del PIB per capita mundial se ha multiplicado por ocho en los últimos 60 años, sin embargo, alrededor del 20% de la población se halla en condiciones de pobreza extrema. Es allí donde se sugiere observar con más detenimiento las urgencias mundiales antes que los avances, para darnos cuenta qué nivel de desarrollo tenemos. Basta con ver las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para indagar las verdaderas necesidades de nuestra sociedad. El hambre, la pobreza extrema, la inequidad, el cambio climático, son consecuencia de la marcada atención sobre el crecimiento y a la prosperidad de la economía mundial, dejando a un lado variables que conciernen a la calidad de vida, la sostenibilidad y la equidad social.
Mateo Ramirez Molina
Agosto 28 de 2013
* Fotografía tomada de www.powerofpeace.com
sábado, 8 de junio de 2013
Bogotá desde su entorno empresarial
Las empresas, son promotoras y actores principales de la competitividad entre ciudades. Por medio de su posicionamiento dentro de la economía local, se fortalece la oferta de productos y servicios, la generación de empleo y una mayor cercanía a los mercados globales.
Bogotá, ha sido fruto de un importante fortalecimiento del entorno económico y empresarial, siendo catalogada en el año 2009, como una de las mejores ciudades para hacer negocios en América Latina. Según la Cámara de Comercio de Bogotá (2010), en éste mismo periodo, teniendo en cuenta el Producto Interno Bruto, se posicionó como la séptima ciudad en América Latina, superando a ciudades como Brasilia, Lima, Montevideo, Monterrey, entre otros.
Pese a este desempeño, la ciudad sigue viéndose enfrentada a una serie de inconvenientes, que frenan abruptamente su nivel de competencia -las tasas más altas de desempleo e informalidad -10% y 40%- respectivamente, y uno de los más bajos niveles de exportación-.
En la actualidad, Bogotá cuenta con cerca de 205.000 empresas –aproximadamente el 27% del total del país-. De estas empresas, solo 19 logran posicionarse dentro de las 500 mayores de América Latina.
En el último semestre, en la región metropolitana Bogotá-Cundinamarca, se crearon más de 34 mil empresas (CCB, 2010), siendo el comercio -38%- y los servicios -41%-, su principal actividad. Sin embargo, estos datos no son tan alentadores, cuando observamos que el 99% de dichas empresas fueron creadas como Microempresas –con 10 o menos trabajadores y un capital que no supera los 10 millones de pesos-, y que solo el 1%, fueron creadas como Pymes y Grandes Empresas.
Según la revista América Economía, el 98,5% del total de nuevos negocios en Bogotá son microempresas. De estas, una cuarta parte nace de manera formal y el 63% se formaliza después de tres años y medio de existencia.
Bogotá, ha sido fruto de un importante fortalecimiento del entorno económico y empresarial, siendo catalogada en el año 2009, como una de las mejores ciudades para hacer negocios en América Latina. Según la Cámara de Comercio de Bogotá (2010), en éste mismo periodo, teniendo en cuenta el Producto Interno Bruto, se posicionó como la séptima ciudad en América Latina, superando a ciudades como Brasilia, Lima, Montevideo, Monterrey, entre otros.
Pese a este desempeño, la ciudad sigue viéndose enfrentada a una serie de inconvenientes, que frenan abruptamente su nivel de competencia -las tasas más altas de desempleo e informalidad -10% y 40%- respectivamente, y uno de los más bajos niveles de exportación-.
En la actualidad, Bogotá cuenta con cerca de 205.000 empresas –aproximadamente el 27% del total del país-. De estas empresas, solo 19 logran posicionarse dentro de las 500 mayores de América Latina.
En el último semestre, en la región metropolitana Bogotá-Cundinamarca, se crearon más de 34 mil empresas (CCB, 2010), siendo el comercio -38%- y los servicios -41%-, su principal actividad. Sin embargo, estos datos no son tan alentadores, cuando observamos que el 99% de dichas empresas fueron creadas como Microempresas –con 10 o menos trabajadores y un capital que no supera los 10 millones de pesos-, y que solo el 1%, fueron creadas como Pymes y Grandes Empresas.
Según la revista América Economía, el 98,5% del total de nuevos negocios en Bogotá son microempresas. De estas, una cuarta parte nace de manera formal y el 63% se formaliza después de tres años y medio de existencia.
La tendencia que se presenta en la creación y formalización de empresas, resulta desfavorable para la competitividad de la ciudad. La existencia de un gran número de microempresas con limitaciones en la oferta y demanda de productos, y con reducidas oportunidades financieras, sesga las oportunidades de ampliación comercial y conexión global de la ciudad. Por el contrario, son las Grandes Empresas y multinacionales, las que tienen la capacidad de acceder a nuevos mercados, innovar en tecnología, proporcionar un mayor número de empleos y fortalecer la productividad y el desarrollo económico local.
Aunque Bogotá es la principal ciudad de Colombia, y como tal, la más atractiva para localizar empresas con capital extranjero, el futuro del sector económico de la ciudad está recayendo en las empresas locales de bajo rendimiento. Es por esto que la ciudad debe enfrentarse a importantes retos como lo son promover la internacionalización y el desarrollo humano, la promoción de productos a gran escala, la unión económica entre empresas, el apoyo y financiación de proyectos innovadores, así como la intervención integral en la cultura organizacional y de gestión de recursos.
Aunque Bogotá es la principal ciudad de Colombia, y como tal, la más atractiva para localizar empresas con capital extranjero, el futuro del sector económico de la ciudad está recayendo en las empresas locales de bajo rendimiento. Es por esto que la ciudad debe enfrentarse a importantes retos como lo son promover la internacionalización y el desarrollo humano, la promoción de productos a gran escala, la unión económica entre empresas, el apoyo y financiación de proyectos innovadores, así como la intervención integral en la cultura organizacional y de gestión de recursos.
Mateo Ramirez Molina
Junio 08 de 2013
jueves, 14 de febrero de 2013
Apuntes sobre el concepto de propiedad privada y planeamiento urbano en Colombia
Propiedad
privada
El concepto de derecho de propiedad en el
ordenamiento jurídico colombiano, ha sido objeto, desde hace más de ocho
décadas, de modificaciones por parte de actos legislativos y reglamentaciones
normativas.
La
evolución del concepto de propiedad en Colombia comienza por la concepción de
este derecho como absoluto –inviolable y natural- del cual no podría limitarse
ni desconocerse por parte del Estado[1].
No obstante, desde 1936, la Corte Constitucional colombiana realizó intentos
por cambiar esta visión individualista resaltando la importancia de las
obligaciones que se adquieren al constituir los bienes inmuebles. Por medio de algunos
actos legislativos –sentencias-, se comienza a concebir que la propiedad es una
función social que implica obligaciones y se reconoce la facultad del Estado frente
a la extinción de dominio[2].
En
1991, año en que fue modificada por última vez la Constitución Política de
Colombia, se establece que el derecho de propiedad tiene limitaciones y que “si
un predio no cumple con la función social y ecológica de la propiedad, puede
ser expropiado, bien por un proceso judicial o bien por un proceso administrativo”[3]. Por
tanto, su extensión no es absoluta y depende de la regulación y normas de mayor
y menor jerarquía impuestas por el Estado y las municipalidades.
En
Colombia, el Estado ejerce sus funciones a través de los municipios –gobiernos
locales-, que, en lo que se refiere a políticas del suelo, tienen la obligación
de crear lineamientos y normas específicas para el ordenamiento territorial y
la planeación espacial –ordenamiento de los sistemas de interés general-[4].
Son
los municipios bajo las normas de orden nacional los que, a través del
ejercicio de la función pública, fijan límites al derecho de dominio o derecho
de propiedad. En consecuencia el Estado a través de la entidad municipal tiene
la función de clasificar los suelos y definir sus usos, teniendo en cuenta, a
su vez, los derechos fundamentales y colectivos de los ciudadanos –propietarios
- los cuales deben reflejarse en las decisiones administrativas que ordenan y
planifican el espacio.
De
la función pública del Estado se derivan algunos de los principios
constitucionales tales como:
- El
deber del estado de velar por la integridad del espacio público y las entidades
públicas regularán la utilización del suelo y espacio aéreo urbano en defensa
del interés común. Intervención del estado en el uso del suelo
- La
protección a los derechos colectivos como la vivienda. Todos los colombianos
tienen derecho a vivienda digna. El Estado fijará las condiciones necesarias
para hacer efectivo este derecho (…)
- Los
derechos colectivos: el espacio público, el medio ambiente sano y el patrimonio
cultural (Art. 52, 67, 72, 79 y 82 CN) en cuya defensa y control de
cumplimiento, los ciudadanos pueden interponer acciones de cumplimiento y
acciones de tutela.
Sobre
la propiedad privada, específicamente, y atendiendo a la Ley 388 de 1997 –ley
de Ordenamiento Territorial-, pueden resaltarse tres principios fundamentales:
1). La función social y ecológica de la propiedad, 2). La prevalencia del
interés general sobre el particular, 3). La distribución equitativa de las
cargas y beneficios.
En
tal sentido, la Constitución reconoce el derecho de propiedad y los deberes de
los propietarios con la sociedad. Los ‘deberes’ que tienen los propietarios del
suelo urbano son fijados por las normas e instrumentos que se desprenden del
Plan de Ordenamiento Territorial POT de cada municipio. ¿Cómo se garantiza
desde las administraciones locales dicha función social y ecológica de la
propiedad?
Nuestra
legislación contempla dos formas para hacer efectiva la primacía de la función
social y ecológica de la propiedad, basadas en la figura de expropiación
–consagrada en la Constitución Nacional-: la expropiación ordinaria y la
expropiación administrativa. La expropiación ordinaria “se presenta por motivos
de utilidad pública o interés social definidos por el legislador (art. 58 Ley
388 de 1997), y para que prospere debe existir indemnización y sentencia
judicial previas”[5].
Por su parte, la expropiación administrativa “se origina cuando existen condiciones
de urgencia en los motivos de utilidad pública o interés social (art.65 Ley 388
de 1997), y se produce antes de la sentencia judicial por medio de un acto administrativo
expropiatorio”[6].
Pese a esto, en algunos casos la figura de expropiación ha creado polémica en
las ciudades colombianas dado que el sistema de liquidación de las
indemnizaciones se encuentra basado en avalúos catastrales de los inmuebles y
no en su valor real de mercado. Las expropiaciones no exitosas o los inmuebles
que no cumplan con dicha función pública pueden ser adquiridos por enajenación
forzosa.
Por
último, la función pública del urbanismo, a partir de la nueva Constitución
define y separa dos tipos de derechos: el derecho de propiedad y el derecho de
construcción. El primero se reconoce y el segundo lo propone el municipio a
través del POT. Se convierte realmente en derecho, cuando la entidad competente
expide la respectiva licencia (permiso) de urbanismo o construcción. Se ejerce
ese derecho cuando se urbaniza o edifica[7].
La
propiedad es un derecho exclusivo –del propietario- y perpetuo –no se extingue-
sujeto a fines de utilidad pública. La redefinición histórica del concepto de
derecho de propiedad y su articulación con los principios constitucionales y la
normatividad urbana, le ha proporcionado un carácter de interés público a las
ciudades en Colombia, en donde su crecimiento está dado bajo lineamientos
jurídicos, el interés general y la planeación. Desde una perspectiva basada en
el Ordenamiento Jurídico colombiano, se necesitan tres componentes para facilitar
el manejo de la propiedad privada en las ciudades modernas, 1) la existencia de
instrumentos normativos 2) la prevalencia de principios o fundamentos generales
reconocidos por la sociedad, 3) la descentralización de funciones por medio de
órdenes locales.
Planeamiento
urbano en Colombia
Desde los años 90’s, las
ciudades colombianas comienzan a tener cierta primacía frente a los territorios
rurales. Para el año 2005, el 80% de la población colombiana se ubicaba en
ciudades. Factores como el desplazamiento forzado, la especialización de centros
económicos y la inseguridad en territorios rurales, han sido alicientes para el
crecimiento de una red de ciudades principales, Bogotá, Medellín, Cali,
Barranquilla, que cuentan con más de 1 millón de habitantes, y alrededor de 30
ciudades intermedias con entre 100 mil y un millón de habitantes.
La planeación urbana en
Colombia, no surgió de forma espontanea. Desde hace más de treinta años, el
crecimiento de la población y la urbanización acelerada en el país, requirió de
un sistema institucional y normativo que regulara el desarrollo de las ciudades
en sus dimensiones físicas y sociales. El concepto de planeación fue
implementado de manera gradual en el ordenamiento jurídico colombiano, liderado
por la Constitución Nacional de 1991, que introdujo los principios básicos de
la propiedad privada y el ordenamiento territorial. Poco a poco, la planeación
y los instrumentos de gestión territorial harían parte de las directrices o
normas locales y del marco normativo que regula el desarrollo urbano municipal.
La importancia de la
planeación en el desarrollo municipal es el principal medio para proponer
objetivos a mediano plazo relacionados con el crecimiento y gestión de los
recursos.
El modelo de planeación de cada municipio, se
encuentra sustentado en los Planes de Desarrollo Municipales, enmarcados en las
políticas a económicas y sociales a corto plazo, y los Planes de Ordenamiento Territorial,
con una vigencia de 12 años, sustentados en el planteamiento de los
instrumentos y directrices para la gestión del suelo. De acuerdo a la Ley de Ordenamiento
Territorial -Ley 388 de 1997-, cada municipio de Colombia, según su número de
habitantes, debe plantear cada 12 años y revisar de manera periódica un Plan de
Ordenamiento Territorial (POT).
Con la
aparición de los POT, que son el conjunto de directrices, estrategias y programas para
orientar y administrar el desarrollo físico del territorio municipal, se dio
comienzo a un tipo de ‘descentralización’ de la planeación, aumentando el
control y promoviendo la participación de la población desde su formulación. En resumen, el derecho urbanístico colombiano se rige por las siguientes
normas en orden de jerarquía.
-
Ley 388 de 1997
-
Planes de Ordenamiento
Territorial
-
Planes Maestros
–planes detallados de los sistemas de la ciudad (equipamientos, salud,
movilidad, servicios, etc)-
-
Instrumentos de
planeación (Planeas parciales, Unidades de Actuación Urbanística)
Pese a la existencia de
este marco normativo, cada vez más consolidado y sujeto a principios de acuerdo
general, la planeación en Colombia es relativamente joven, siendo muchos de sus
procesos desconocidos por la gran mayoría de la población. Así mismo, las
entidades encargadas del desarrollo urbano en las grandes ciudades –como Bogotá
D.C.- aún no logran implementar en el
contexto real de la ciudad, los distintos instrumentos creados por las normas
En la última década, el
modelo de planeación en Colombia, teniendo en cuenta la primacía de los cascos
urbanos, le ha dado una especial importancia a la articulación entre la ciudad
y la región, fortaleciendo la capacidad de las instituciones para abordar la
gestión eficiente de las regiones metropolitanas, de la relación socioeconómica
entre las ciudades y las pequeñas poblaciones que la rodean, y en general, de su
cooperación intersectorial.
Pese a esto, el tema
regional es muy precario desde el punto de vista normativo. Los Planes de
Ordenamiento Territorial aunque reconocen la existencia de una región y la
importancia de los territorios suburbanos para el sustento ambiental de las
ciudades, no contemplan lineamientos claros para su articulación ni para su
sostenibilidad económica. Tampoco en la práctica ha sido muy exitoso este
modelo, pues a pesar de los esfuerzos políticos y administrativos, la falta de
infraestructura y de cooperación financiera, deja a un lado a los territorios
rurales, enfocando todos los recursos e innovación para las grandes ciudades; la importancia que recae en la capital colombiana, por
ejemplo, ha provocado una marcada
segregación espacial, acompañada de la oferta inmobiliaria que sigue
centralizada en la metrópoli.
Es así como el modelo de planeación, que
depende en gran parte de cada municipio, está sujeto a los distintos tipos de
planes, de corto y mediano plazo, así como a las políticas de cada gobierno,
siendo difícil su implementación dada su rotación, replanteamiento y nuevas
visiones que se van implantando según el gobierno de turno. Así mismo, el
mercado y la población, deciden localizarse en las ciudades o cerca a ellas,
creando un modelo de crecimiento centralizado y poco favorable para su
sostenibilidad física, ambiental y económica.
Mateo Ramirez Molina
Febrero 14 de 2013
[1] Comparar Hernández Velásquez, David. El Desarrollo de la propiedad
privada en el ordenamiento jurídico de Colombia. Pontificia Universidad
Javeriana, pág. 90. Recuperado en: http://www.javeriana.edu.co/juridicas/pub_rev/univ_est/pdfs/cap.%205.pdf
[2] Comparar Villegas del Castillo, Catalina (2004). ‘Análisis del derecho de propiedad a propósito de la
jurisprudencia de la Corte Constitucional: ¿Hacia una redefinición del derecho
de propiedad?. Universidad de los Andes, Bogotá D.C. pág 5
[3] Ver Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial et al.
(2005). ‘Formulación y aplicación de la
Ley 388 de 1997 en Colombia, Una práctica colectiva hecha realidad’. Bogotá
D.C. Págs. 34-35
[4] Comparar Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
et al. (2005). ‘Formulación y aplicación
de la Ley 388 de 1997 en Colombia, Una práctica colectiva hecha realidad’.
Bogotá D.C. pág. 35
[5] Ver Hernández Velásquez, David. El Desarrollo de la propiedad
privada en el ordenamiento jurídico de Colombia. Pontificia Universidad
Javeriana, pág. 92. Recuperado en: http://www.javeriana.edu.co/juridicas/pub_rev/univ_est/pdfs/cap.%205.pdf
[6] Ver Hernández Velásquez, David. El Desarrollo de la propiedad
privada en el ordenamiento jurídico de Colombia. Pontificia Universidad
Javeriana, pág. 93. Recuperado en: http://www.javeriana.edu.co/juridicas/pub_rev/univ_est/pdfs/cap.%205.pdf
[7] Comparar Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial et al.
(2005). ‘Formulación y aplicación de la
Ley 388 de 1997 en Colombia, Una práctica colectiva hecha realidad’. Bogotá
D.C. Págs. 34-35
miércoles, 23 de enero de 2013
Qué es construir Ciudades Amables
En
el 2019 se conmemoran dos siglos de vida política independiente en Colombia,
por lo cual se hace indispensable, dados los cambios ideológicos y las
diferencias políticas existentes, trazar una serie de objetivos comunes y/o
metas fundamentales, enfocadas a lograr una visión de la sociedad para el 2019.
Los objetivos trazados por la propuesta “Visión Colombia II Centenario: 2019”, son:
1) Una economía que garantice un mayor nivel de bienestar, 2) Una sociedad más
igualitaria y solidaria, 3) Una sociedad de ciudadanos libres y responsables,
4) Un Estado eficiente al servicio de los ciudadanos. Cada uno de los objetivos se encuentra
acompañado de una lista de estrategias orientadas a su cumplimiento.
En el marco del segundo objetivo, Una sociedad más igualitaria y
solidaria, se plantea la estrategia Construir ciudades amables, ordenadas
bajo un modelo de desarrollo urbano planificado, con espacio público adecuado,
vivienda digna, sin restricciones en la cobertura de servicios básicos como el
agua potable y el saneamiento básico, y con un sistema de transporte urbano al
alcance de todos.
Dentro de las metas planteadas por la estrategia Construir ciudades amables, se destacan
las siguientes:
En desarrollo urbano: a) incrementar el espacio público por
habitante de 4m2 a 10m2; b) promover un uso eficiente del suelo urbano que permita
ahorrar 50% del suelo de expansión urbana; y c) fortalecer institucionalmente
la planeación local, además de mejorar la estructura normativa del sector.
En vivienda: a) evitar la conformación de asentamientos
precarios mediante la construcción de 3,9 millones de viviendas; b) incrementar
la participación del sector financiero en la financiación de vivienda, en
especial para hogares de bajos ingresos y vinculados a la economía informal; y
c) fortalecer el sector inmobiliario con sistemas de calidad e información.
En agua potable y saneamiento básico: a) lograr coberturas
urbanas universales de acueducto y alcantarillado; b) reducir la contaminación hídrica
incrementando el tratamiento de aguas residuales de 10 a 50%; c) lograr la
disposición adecuada de los residuos sólidos del país en 2010; y d) fomentar el
fortalecimiento institucional del sector vinculando operadores especializados.
En transporte urbano: a) fomentar los modos alternativos de
transporte en ciudades con menos de 300 mil habitantes (287 ciudades
beneficiadas); b) implementar sistemas de transporte eficiente en ciudades de
300 mil a 600 mil habitantes (10 ciudades beneficiadas); y c) implementar sistemas
de transporte integrado en todas las ciudades con más de 600 mil habitantes (9
ciudades beneficiadas).
Para
alcanzar las metas de desarrollo urbano se proponen los siguientes programas:
·
Facilitar y mejorar la gobernabilidad
de las Ciudades
·
Desarrollar, complementar y unificar
el marco legal del Desarrollo Territorial. Se deben ajustar las normas vigentes
en los siguientes temas
·
Generar y mejorar espacio público
·
Impulsar operaciones estratégicas de
desarrollo Urbano
·
Mejorar la información base para la
gestión urbana
No obstante, los principales retos
para el desarrollo urbano se enmarcan en tres temas esenciales: vivienda, agua
potable y saneamiento básico, y transporte urbano.
Para el tema de vivienda, es
indispensable avanzar en la oferta formal, control y reasentamiento de
asentamientos precarios, intermediación de sistemas de financiación, el
fortalecimiento de la estructura internacional y equilibrar la distribución de
los Subsidios Familiares de Vivienda (SFV) urbanos y rurales destinados a
hogares vinculados con la economía informal.
En materia de agua potable y saneamiento básico, a pesar de los
importantes avances que se han dado en los últimos años en materia
institucional y empresarial, y a los grandes esfuerzos de inversión que se han
traducido en mayores coberturas y calidad del servicio, persisten problemas que
afectan al sector; ineficiencia en la estructura empresarial, falta de
información sistémica y errores en el manejo de cuencas hidrográficas y la disposición
y reutilización de recursos.
Por último, para el manejo de la movilidad y/o transporte
urbano, surgen tres grandes retos: implementar
planes de movilidad para las ciudades con menos de 300 mil habitantes, implementar
sistemas eficientes de transporte en las ciudades entre 300 mil y 600 mil
habitantes, e implementar sistemas integrados de transporte masivo en las
ciudades con más de 600 mil habitantes.
Es evidente que para planear y orientar el desarrollo de las
ciudades, se necesitan políticas (visiones) a mediano y largo plazo. Construir ciudades
amables, contempla una serie metas y programas para las ciudades colombianas en
los próximos cinco años. Para su cumplimiento, se hacen evidentes grandes retos
en materia de vivienda, infraestructura y movilidad, acompañados de las brechas
sociales y económicas que ya son inherentes al país.
Para ver más información, sobre ciudades amables, puede
consultar en los siguientes enlaces:
martes, 25 de septiembre de 2012
Los chicles que hacen parte del paisaje bogotano
La goma de mascar, conocida popularmente como chicle, abunda en el mundo y
especialmente en las ciudades, colmadas de gente ansiosa, con apetito, adicta al
dulce y a la merienda.
Todos hemos comido chicles y tenido la oportunidad de escupirlos,
unos más delicadamente que otros. Pero ¿quién escupe un chicle disponiéndolo debidamente?. Lo dejamos en la calle, en los andenes,
debajo de las sillas… Qué molesto es darnos cuenta que hemos pisado un chicle ‘recién
escupido’ o que uno de ellos se ha adherido al pantalón o la camisa. De alguna
forma lo sacamos, con la plancha, con las uñas, con papel… Pero, qué pasa con
los chicles que quedan pegados en el suelo, en las calles bogotanas que todos frecuentamos.
Los chicles, o puntos negros, se han convertido en
parte del paisaje de la ciudad. Todas las calles tienen decenas, cientos, cualquier
espacio es propicio para arrojarlos.
Para tener idea de cuántos chicles arrojamos a los andenes, en México, se calcula que por cada metro cuadrado de andenes hay entre 15 y 50 chicles pegados. Si todos esos chicles se acumularan durante un año, ocuparían una superficie de más de 3.500 metros cuadrados, una superficie similar a la de un estadio.
Para tener idea de cuántos chicles arrojamos a los andenes, en México, se calcula que por cada metro cuadrado de andenes hay entre 15 y 50 chicles pegados. Si todos esos chicles se acumularan durante un año, ocuparían una superficie de más de 3.500 metros cuadrados, una superficie similar a la de un estadio.
En Bogotá, el sistema de disposición de residuos livianos es insuficiente, y no existen dispositivos especiales para disponer
de los chicles y las colillas de cigarrillos. En Londres, por ejemplo, existen gumcatchers, pequeños dispositivos instalados en los postes para depositar estos residuos. No es un capricho ni un tema
sin importancia. Los chicles, no solo
son un desagradable
elemento paisajístico en las ciudades, según el diario El Universal, los chicles sucios pegados en las calles contienen más de 50 mil bacterias. Son una alfombra que ya estamos
acostumbrados a pisar. Un problema de salud pública, con el cual convivimos a diario.
Y todo no termina allí. Los chicles también son difíciles y costosos de retirar, cada vez que arrojamos un chicle a la calle, la ciudad
–todos- tiene que pagar un monto para quitarlo del pavimento. Ya hemos visto
en las calles bogotanas personal de las empresas de aseo limpiando los chicles adheridos al suelo con hidrobombas, cuchillos, detergentes… En algunas ciudades de
España, los ciudadanos tienen que pagar 0,12 centavos de euro por cada chicle
retirado, unos 2,5 pesos colombianos. Esto significa que, si en un día normal
el 10% de los bogotanos arrojara un chicle a la calle, a la ciudad le costaría retirarlos
entre dos y tres millones de pesos, además del esfuerzo que esto representa.
Por otra parte, hay quienes plantean la elaboración de chicles
biodegradables, pues el uso de goma adherente en los chicles convencionales los
hace resistentes al aire y al agua. Y esta podría ser una grandiosa solución, pues se calcula un periodo aproximado de 5 años
para la degradación de una goma de mascar.
Puede que en
el mundo se instalen dispositivos, se hagan campañas de cultura
ciudadana y los científicos trabajen para sacar al mercado chicles biodegradables... Sin embargo, como es sabido, el
desarrollo toma tiempo, y mientras estas alternativas llegan a Colombia, debemos buscar una rápida forma de actuar.
Diría que tenemos dos opciones. Si usted se considera un ‘super-ciudadano’ y
quiere colaborar, puede envolver el chicle en un papel, guardarlo en su
bolsillo y arrojarlo en la caneca más cercana. Si le da pereza y su perfil es
más bien sedentario, puede envolver el chicle y botarlo donde quiera. Como sea pero siempre envuelto en un papel. La ciudad
se lo agradecerá y su buen proceder le ayudará a tener una mayor conexión con
su espíritu ciudadano.
Los chicles no deberían hacer parte del paisaje bogotano. Hay cosas más
importantes en qué concentrarse cuando caminamos, como esquivar huecos, vendedores ambulantes y no pisar las losas sueltas que salpican agua.
Y hay otra mala noticia. Los chicles y las colillas de cigarrillo no son el
único mal que asecha nuestras calles. Existe algo peor y temo que puede ser más repugnante
que cualquier deshecho, algo que se adhiere al piso como un chicle pero que al pisarlo u observarlo... Hay hombres en las calles con mentalidad de
futbolista y cultura de potro, que escupen gargajos hediondos con peculiar acervo y
desdichada elegancia. Qué maña tan desgraciada.
*Foto tomada de bogota.evisos.com.co
Mateo Ramirez Molina
Septiembre 25 de 2012
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